El principito

Autor: Antoine de Saint-Exupéry

Editorial: Alianza editorial

Género: Infantil

Argumento:

Un aviador se queda en medio del desierto tras sufrir una avería en su avioneta. Allí se encuentra con un curioso viajero: el principito. Este procedía de un pequeño planeta con dos tres volcanes, uno de ello inactivo, en el que hay una rosa. Cansado de los reproches y exigencias de la presumida rosa, el principito inicia un viaje por diferentes planetas en los que se encuentra con diferentes personas: un rey, un borracho, un vanidoso, un hombre de negocios, un farolero y un geógrafo. Este último le invita a ir a la Tierra a explorarla. Allí conoce a una serpiente y un zorro con el que traba una amistad, al igual que con el aviador, aunque finalmente deben despedirse, pues el principito debía volver a su planeta, ya que había dejado indefensa a la rosa.

Crítica:

Hace mucho tiempo que leí por primera vez El principito, cuando tenía alrededor de diez años, y recuerdo que me gustó bastante, pues me resultó un libro fácil de leer y curioso. Años más tarde, volví a coger el libro para rememorar aquella historia de mi infancia, ya desde una perspectiva de mayor entendimiento proporcionada por una base más extensa de experiencia. De esta manera, leí con nuevos ojos aquel librito y descubrí que más allá de la historia infantil había una dimensión más profunda que se rebelaba, pues aunque el libro está escrito como un cuento de aventuras para niños, en verdad se trata de una gran metáfora tras la que se esconden problemas de la realidad.

En primer lugar, ya hay mucho simbolismo en el propio planeta del principito. Sus volcanes deben deshollinarse todos los días, incluido el inactivo, para asegurar que funcionan bien y prevenir catástrofes. Representan las tareas que debemos hacer todos los días y que, pese a ser aburridas, es necesario hacerlas para que todo vaya bien. También hay una grave plaga: los baobabs, árboles gigantes que debe arrancar cuanto antes, pues de lo contrario extienden sus raíces y pueden hacer estallar el asteroide. Son los problemas que nos encontramos y que debemos solucionar cuanto antes para que no se compliquen. Por esa razón, el principito le pide al aviador que le dibuje un cordero para que se coma los baobabs, un amigo que le ayude a combatir los problemas.

En su viaje, el principito se encuentra con diversos personajes que simbolizan distintos factores de la vida adulta: el rey, que simboliza la autoridad y que le muestra que lo más difícil es gobernarse a uno mismo; el borracho, que enseña la debilidad humana en un círculo vicioso; el vanidoso, que encarna el deseo de reconocimiento que tenemos todos pero que de poco nos sirve si estamos solos; el hombre de negocios, que representa la avaricia y que al ser esclavo de su trabajo no disfruta la vida; y el geógrafo, que se dedica a la búsqueda del conocimiento pero sin experimentar las cosas.

La rosa simboliza el amor. Hay muchas flores que hay en el asteroide, pero esa es la más hermosa y la que mejor le hace sentir. Es un poco presumida y exige mimos, pues está llena de imperfecciones, y eso hace que el principito se vaya. En la Tierra encuentra muchas rosas y descubre que la suya es especial, que es única y que desea volver con ella. Otro personaje importante es el zorro, que le muestra el valor y los riesgos de la amistad, pues también puede hacernos sufrir. También le enseña una gran lección: “sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.”

Miguel Solana Ramírez
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Los hermanos Karamázov       

Autor: Fiódor Dostoyevski

Editorial: Colección historia de la literatura RBA

Género: Existencialista / Detectivesco

Argumento:

Fiódor Pávlovich Karamázov, el padre de la familia, es un hombre libertino centrado únicamente en su hedonismo. Ello le llevó a desatender a sus tres hijos, Dmitri, Iván y Aliosha, desde el momento de su nacimiento, lo que junto a la muerte de sus esposas hizo que quedaran a cuidados de terceros. Años más tarde, los cuatro se encuentran para solucionar problemas familiares con la ayuda del starets Zósima, líder espiritual de un monasterio. Por desgracia, los problemas van aumentando debido a que Dmitri estaba enamorado de una mujer a la que quería conquistar su padre con el dinero de la herencia de Dmitri. Estas tensiones acaban en un crimen y su posterior juicio que supone un punto de inflexión para los tres hermanos que les cambiará.

Crítica:

Esta es la última novela de Dostoyevski debido a su fallecimiento y es una de sus obras más impresionantes. Aunque se considera inacabada debido a que el autor había proyectado una segunda parte para la obra, no termina bruscamente, pues se acaba resolviendo el argumento principal, por lo que no se encuentra inconclusa pese a ciertos flecos por rematar. Os cuento esto porque es importante que no os quedéis en que está inconclusa y por eso no la leáis por miedo a quedaros con ganas de más como en principio me ocurrió a mi mismo, pues repito: sólo está inacabada, no inconclusa.

Dostoyevski atribuye gran profundidad a sus personajes, hasta a los más secundarios, con su psicologismo. Esto nos hace ver que cada persona es un mundo, pues a partir de los mismos orígenes trágicos, los tres hermanos resultan tener mentalidades totalmente diferentes. Dmitri, como su padre, se entrega a una vida hedonista dilapidando su herencia por adelantado, aunque el punto de inflexión en su vida hará que cambie de visión y comience a preocuparse por cuestiones más profundas, desde los fundamentos de la ética hasta elevarse hacia Dios, buscando redimirse con el sufrimiento para ser mejor persona. Iván es un intelectual ateo al que también cambiará el crimen. Aliosha, en cambio, es cristiano y buscaba entrar en el monasterio tras quedar marcado por la humanidad de su maestro, Zósima, aunque al final no ingresa por su consejo. Zósima le hizo ver que aún tenía mucho que hacer en el mundo, pues previó la desgracia que iba a acaecer sobre su familia.

Uno de los temas que con mayor profundidad se trata es el problema de Dios. En su obra “El gran inquisidor”, Iván plasma los fundamentos de su ateísmo. No niega la existencia de Dios, pero sí el mundo venidero en el que se hará justicia por los crímenes cometidos en este, pues no merece el precio que hay que pagar: la injusticia sufrimiento que hay que soportar y que los adultos, ya corruptos, cometen contra seres puros como los niños, viendo que Dios no lo evita, con lo que reniega del perdón. Igualmente rechaza a Dios por cometer el que es, en su opinión, el mayor de los crímenes contra la humanidad: darle la libertad al hombre en lugar de imponerle el bien. Esto, junto a la debilidad del hombre, hace que cometa injusticias y que incluso se levante en contra de Dios. Al eliminar a Dios, todo está justificado y no existen normas morales, aunque más tarde los hechos hacen que se le rebele la conciencia indicándole que hay acciones que el hombre no puede cometer porque atentan contra los demás y contra sí mismos. Aunque en realidad siente que quiere encontrar a Dios, su racionalismo le impide aceptarlo para mantener su imagen. Desde otro extremo, Aliosha es, de los hermanos, el que mayor humanidad e interés por ayudar a los demás en gran parte debido a su creencia de Dios y las enseñanzas de Zósima.

Al igual que en Crimen y castigo, Dostoyevski vuelve a insistir en la idea de que es mejor padecer un injusticia que cometerla, pues el mayor de los castigos no es la pena judicial que se dictamina, sino el de la conciencia, que no puede eludirse pese a los intentos de autojustificarnos o convencernos de que la culpa de nuestra acción es de otro.

Miguel Solana Ramírez

¿Es esto justicia? Breivik, el asesino de Oslo

En primer lugar y antes de abordar una cuestión tan compleja y profunda como es esta, deberíamos empezar por definir lo que es la justicia, independientemente de los carices culturales que adquiere en cada país y en cada ideología. Entre otras acepciones, podemos entender que la justicia consiste en premiar o castigar en función de los actos de cada uno, de manera que las instituciones que la imparten deben establecer diferentes categorías de castigo para aquellos cuyos actos atenten, de una forma u otra, contra el bien.

El problema es: ¿dónde está entonces el límite a la hora de impartir justicia? Antiguamente (aunque aún sigue vigente en algunos países) se empleaba una regla muy simple que consistía en castigar al otro de la misma manera con que había obrado el ajusticiado, esto es, la ley del talión, que en otras palabras viene siendo “ojo por ojo y diente por diente”. Tal vez es lo más sencillo del mundo, pero en este caso aquel que imparte la pena queda rebajado al mismo nivel que el delincuente, al igual que la pena de muerte, reducto de justicia primitiva en alas de desaparición.

A veces las penas han sido desproporcionadas con respecto al delito cometido, como fue el caso del Tribunal de la Inquisición, aunque poco a poco y en gran parte debido al aumento de los derechos humanos, las penas se han ido acotando dentro de unos límites más razonables, aunque aún existen el exceso y el defecto. En ambos casos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿es esto justicia?

Un hecho que ha mantenido en vilo a los medios de comunicación durante los últimos meses ha sido el juicio contra el asesino de Oslo, Anders Behring Breivik. Para refrescar la memoria (aunque no creo que nadie lo haya olvidado), recuerdo que este hombre fue el responsable de los dos atentados ocurridos el 22 de julio de 2011 en Noruega, país mundialmente conocido por su pacifismo y en el que precisamente se imparte el premio Novel de la paz. Ocho almas dejaron entonces este mundo por la detonación de un explosivo en la sede del gobierno de Oslo, y otras 69, la mayoría jóvenes que se encontraban en un campamento fueron tiroteadas sin piedad por Breivik en la isla de Utoya.

En un principio se le hizo un examen psicológico para averiguar si Breivik estaba loco, caso en el que tal vez sus actos fueran algo más comprensibles, en el sentido de que no estaba en posesión de sus facultades mentales, lo que tampoco justifica sus hechos, pero finalmente se vio que estaba cuerdo, lo cual es peor incluso que si lo hubiera hecho en un estado de enajenación mental, pues ello indica que lo hizo premeditada y voluntariamente, con una sangre fría que conservó durante el juicio con su eterna sonrisa descarada. Él aceptó con gusto la sentencia, pues buscaba convertirse en un mártir por su causa y, por desgracia, casi logra su objetivo, pues hace pocos días fue detenido un hombre que ya había reunido un arsenal dispuesto a emular la que era, en su opinión, “la gran hazaña de Breivik”.

Recientemente, el tribunal dictaminó sentencia: le sentenciaron a la pena máxima, esto es, a 21 años de prisión prorrogables si se sigue considerando que su libertad pone en riesgo a la población, por lo que podría convertirse en cadena perpetua. Breivik reconoció que fue el verdugo de sus 77 víctimas y durante el juicio siempre daba muestras de orgullo por sus actos haciendo uso del saludo nazi, pero el hecho más cruel y deleznable fue su última declaración: pidió perdón a las víctimas y a sus familiares por haber matado a sus hijos y hermanos. Les pidió perdón por no haber matado a más. ¿Cómo se queda uno ante estas palabras y al saber que tal vez (Dios no lo quiera) dentro de 21 años volverá a caminar entre nosotros un ser como Breivik? Sólo una pregunta nos viene a la cabeza: ¿es esto justicia?

Miguel Solana  Ramírez

Más datos sobre el nuevo informe forense y sobre la situación actual.

Cada vez son más los datos que nos llegan a nuestras pantallas de televisores, ordenadores, móviles, impresos en periódicos… Descubrimos más y más datos sobre el último informe antropológico elaborado por el insigne antropólogo forense Francisco Echevarría. El dato más notable es el que nos informa de que los restos óseos encontrados en la hoguera de la finca de “Las Quemadillas”, propiedad de los padres de Bretón, no son huesos de animal, sino que son huesos humanos. Además se añade que los restos pertenecen a individuos subadultos, es decir, niños. Cabe destacar, corrigiendo cualquier duda sobre el tema, que no es cien por cien seguro que dichos restos pertenezcan a José y Ruth, ya que no se han producido por el momento ninguna prueba de ADN, única prueba fiable al noventa y nueve por ciento.

Lo curioso es el rumbo que ha tomado el caso tras la publicación del nuevo informe, que la familia Ortiz, de la que forma parte Ruth Ortiz, madre de los niños y exmujer de Bretón, ya conocía desde hace más de diez días. Nos es algo escabroso el que tras diez meses de investigación, sea ahora cuando se identifiquen los restos como humanos y hayan sido confundidos desde el principio con los restos óseos de animal. Aquí podríamos advertir un fallo gigantesco en la investigación, pero fuentes oficiales de la policía afirman que el veredicto final, tomado en el primer informe, se ha intentado modificar, pero fue el encargado de dicho informe quien no movió ficha. Por ende no podríamos culpar a la policía científica, como grupo de investigación, por ese grave error, más cuando dicho organismo ha estado implicado al cien por cien en el caso.

Otros datos curiosos, a los que sí podríamos tirar el anzuelo y culpar a alguien de una mala investigación, es de la pérdida de las tres bolsas de basura que Bretón repartió por distintos contenedores de la zona. Pero los vídeos que muestran a José deshaciéndose de ellas, fueron publicado días más tarde, cuando la recogida de basuras ya había hecho su trabajo. Esas bolsas, además, están conectadas hipotéticamente con un supuesto: de ser cierto que Bretón quemó a sus hijos en aquél horno crematorio simulado, no pudo carbonizar los cuerpos en tan poco tiempo, en aproximadamente una hora y poco. Por ello, viene al pensamiento una idea escabrosa, Bretón se deshizo de las partes más difíciles y ahí intervendrían las bolsas.

Al mismo tiempo, añadido a la supuesta mala investigación, nos encontramos con que en la hoguera había también piezas dentales, que podrían ayudar a identificar los restos, ya que las piezas dentales son menos vulnerables al fuego como el resto de las piezas óseas.

En cuanto a resultados obtenidos de los informes, se detalla que el análisis geotérmico, realizado sobre el posible escenario escabroso, indican que a diferencia de cualquier hoguera, donde el calor se reparte en círculos concéntricos, en este caso, aparece involucrada una forma rectangular, lo que podría ser identificado con la plancha que puesta sobre los ladrillos formaba parte de dicho horno simulado.

Aun así, el abogado de José Bretón no deja de desmentir el segundo informe, amparándose en la contundencia que supone la intervención de la policía científica en el primer informe, echando por tierra la profesionalidad del eminente antropólogo Francisco Echevarría. Por otro lado, mantiene que seguirá defendiendo al acusado.

Por otro lado, José Bretón sigue manteniendo un comportamiento cínico, búsqueda de protagonismo y en ocasiones llega a utilizar la imagen la de sus hijos para conseguir la libertad, añadiendo que sólo él sabe dónde están y que si sale, podrá ayudar a encontrar a los niños. Otro movimiento más enrevesado y frío de José.

Sin embargo, al margen de todos los datos, tomamos conciencia de que esto se ha convertido en un asunto polémico a nivel nacional. Por ello, el propio Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, va a compadecer en una rueda de prensa para aclarar todos los datos conocidos. Sabemos que no todo se podrá aclarar, ya que el juez ha declarado de nuevo el secreto de sumario, un secreto de sumario que ha comenzado desde primera hora de la mañana con la reunión del juez con los distintos responsables de diversas investigaciones, abogados e involucrados en el caso. Además, mañana, su señoría llama a compadecer a José Bretón en la finca de “Las Quemadillas”.

Desde aquí, aunque todo aquello que haya podido escribir en esta entrada, muestro mi más sincero pésame y doy todos mis respetos y cariño a la familia de los dos niños inocentes. La intención de La Gaceta de Cultural y la mía, no es mediatizar un tema tan escabroso, sino intentar explicar un suceso polémico para evitar las interpretaciones posibles que lleven a algo peor. Es un asunto dramático y cualquier interpretación sobre el mismo supone ser infiel a la verdad y ser irrespetuoso con el duelo de los afectados. Desde aquí, si así pudiese interpretarse en este escrito, pido perdón en mi nombre y en nombre de La Gaceta Cultural.

José y Ruth Bretón Ortiz, que allá donde estén descansen en paz.

Néstor Sánchez de Toro.

Pocas cosas han hecho que me despierte tanto como lo ha hecho esta peregrinación… Y por qué ha sido, os preguntaréis. Aquí os contaré todo lo que ha supuesto para mí, y por qué la recomiendo a todo el mundo.

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Para empezar, voy a explicar en qué consiste una peregrinación. Una peregrinación es un viaje que se hace a pie a un lugar santo, para conseguir apreciar la belleza de lo que vas a ver. Además, supone un reto personal enorme, por varios motivos que más adelante explicaré detalladamente… Y al final, consigues varias cosas, aunque depende de la persona que lo experimente. Yo contaré mi experiencia. Yo tenía los siguientes motivos para ir: notaba que me estaba quedando “muerto en vida”, y eso no es bueno, puesto que mis ganas de vivir se basaban en el futuro, no en el presente, y si uno no disfruta del presente, entonces no disfruta nunca. Por ello, fui a Polonia, dispuesto a reencontrarme con Aquél que había cambiado muchas veces mi vida. Llegamos a Kraków (Cracovia), que resultó ser una ciudad muy bonita, que tenía gran variedad de estilos. Además, resultó que estaba en mitad del campo, y eso nos desconcertó a todos, debido a que era otro concepto de ciudad al que no estábamos acostumbrados. El primer día de la peregrinación nos tuvimos que despertar a las 5:00 am, y ese despertar a mí se me hizo duro. Nos pusimos en marcha una vez oída la misa, y ahí empezó la peregrinación (6 de agosto). Al comienzo del camino, salimos cantando para animarnos los unos a los otros y a nosotros mismos, pues nos quedaban seis largos días de peregrinación. Era impresionante ver cómo algunas señoras mayores polacas se despedían de nosotros llorando de emoción, pues sabían lo que estábamos haciendo. El primer día fue el más largo para mí, estaba muy centrado en mis problemas, no sabía a qué me había ido a enfrentarme, y tras el primer día de marcha, pensé que muy probablemente no aguantaría otros cinco como aquél, que sería demasiado duro… Sin embargo, ocurrió lo inesperado: al llegar al sitio donde teníamos que colocar las tiendas de campaña, resultó que nos tenían que repartir los macutos, y a la espera de la entrega, había un italiano que nos distrajo a todos, y repito, a todos, los 1200 o más que éramos para pasar un buen rato riéndonos y cantando. Esto me sorprendió muy gratamente, y permitió que me abriera no a lo que pudiera yo hacer, sino a lo que los demás hacían para que esto fuera posible. Así, disfrutaba del momento en que poníamos las tiendas, en el que nos teníamos que duchar con nuestras duchas portátiles, y en el momento en el que preparábamos la cena y nos la comíamos juntos los españoles (habíamos ido 22-23).
A partir de ahí, la peregrinación cambió mucho de matiz para mí: había pasado de ser un reto personal con mis problemas a compartirlo con los que me acompañaban y, por tanto, con Aquél con quien yo quería encontrarme: esto permitió el encuentro, y de aquí la experiencia fue de disfrute total, abriéndome yo a conocer a la gente y dejando que me conocieran.
Y, cuando llovía, o cuando hacía un calor abochornante, es decir, cuando había circunstancias inevitables, habría aprendido a aceptarlas, pues es mucho mejor aceptarlas que ser susceptible a ellas, porque así llegas a disfrutarlas, como me pasó a mí: disfruté de la lluvia y del calor, de la comida picante, de las misas en polaco, de las oraciones en polaco y de los momentos de silencio. Incluso llegué a disfrutar del hecho de que el último día (11 de agosto) nos levantáramos a las 2.45am con lluvia para llegar a las 16.00 al santuario de la Virgen Negra.
Pero no todo el mundo debería ir a esta peregrinación: la propuesta se plantea para quien inicia una nueva etapa en su vida, es decir, para los que entraban en la universidad o para los que entraban en el mundo laboral, porque aquí te dabas cuenta de la metáfora de la vida con el camino,y esto te permitía comenzar uno nuevo.
Esto es de lo más verdadero que me ha pasado este verano, y os lo ofrezco porque cuando alguien encuentra algo bueno, necesita compartirlo.

Juan Andreo. El artista ruso