Archive for 26 marzo 2013

El cáncer de la sociedad

Muchos de nosotros cada vez más nos sorprendemos de la armonía y complejidad de un cosmos perfectamente organizado en el que cada ínfima parte ocupa el lugar correcto y cumple una determinada función. Por otra parte, tampoco se puede negar el hecho de que existan alteraciones en ese orden que pueden llegar a desestabilizarlo, alterando los otros componentes y perturbando la tan perfecta armonía. La realidad es que parece ser que dicha perfección no pasa de ser una simple idea, una utopía, algo meramente teórico que nos sale de nuestras cabezas. Porque existe el desorden natural y la dimensión humana.

Como estudiante de ciencias sanitarias, no es de extrañar que vaya a exponer una analogía en base a nuestro propio organismo. Cada cuál tiene un cierto campo de interés en especial que le atrae y le fascina personalmente porque cada cuál ve el mundo con una luz distinta. En mi caso, claro está, el objeto de mi fascinación y asombro es esa anonadante obra de ingeniería biológica que es el cuerpo humano, aunque en verdad se extiende a toda la biología. No obstante, también reconozco, y cada vez de forma más clara, que no existe la perfección en este mundo ni en toda la biología por apasionante que me resulte.

linfocito-T-matando-celula-cancerRepresentemos, pues, las relaciones que se dan en nuestro cuerpo y que nos conducen al buen funcionamiento dentro de unos límites razonables, porque siempre tendremos nuestros pequeños achaques. Pongamos el caso de un cáncer. Tenemos a unas células que, por una u otra causa, comienzan a dividirse sin control ocasionando algunos problemas, aún más si aparecen en órganos importantes como el sistema nervioso central. Por otra parte, tenemos algunas células, los linfocitos T, que en ocasiones son capaces de detectar a tiempo estas células rebeldes y acabar con ellas para evitar que continúen con sus estragos.

Pues bien, volvamos al mundo actual. Creo que podemos decir sin tapujos que la sociedad española es un cuerpo tumoroso. Tenemos algunos individuos que llevan nadando en una opulencia inmerecida durante hace ya algún tiempo (casi es mejor no pensar ni desde hace cuánto). Muchos de ellos se encuentran precisamente en la cabeza de nuestro sistema y causan graves desbarajustes en la estructura social al usurpar los recursos que no son suyos. Por otra parte tenemos a nuestros límpidos jueces, que se encargan de juzgar si dichas personas son realmente criminales o si tienen todo el derecho del mundo a hacer lo que han estado haciendo y a continuar en el futuro. ¿Qué es lo que pasa? ¡Sorpresa! Parece ser que nuestros linfocitos T no son capaces de detectar las células cancerosas. Curiosamente apenas ha habido condenas o, si las ha habido, no han sido precisamente graves, contra aquellos políticos implicados en casos de corrupción y han salido del atolladero “de rositas” y encima declarando por ahí que se sienten ofendidos en su intachable orgullo.

En los casos puntuales en los que tenemos un linfocito T que no está ciego, como uno llamado Garzón, y que se propone acabar con esos tumores corruptos, resulta que el resto de los leucocitos le detectan como perjudicial para el organismo y le atacan hasta destruirlo, acción mediada sin duda por las células tumorales presentes en el cerebro. O sea, que nos encontramos ante un cuerpo tumoroso y un sistema de defensa que está ciego o peor, que se hace el ciego, ante esta situación.

matar cancer¿Cómo podría arreglarse la patología? Todavía no existe el trasplante de cerebros en la ciencia médica y mejor no pensar en todo lo que ello podría acarrear, pero sí que es posible cambiar la cúpula política. Curiosamente hemos entrado en un círculo vicioso, en un bipartidismo absurdo que hubiera asqueado incluso a Cánovas del Castillo, en lo que se supone que es un sistema político abierto. Tal vez debería existir alguna alternativa, porque es cierto que cada partido dominante tiene sus buenas facetas, pero también tiene contras. Por otra parte, y la que tal vez sea la solución más viable, habría que hacer algo para despertar y quitarle la venda de los ojos a esos linfocitos para que comiencen a dictar condenas a diestro y siniestro para acabar con el cáncer y volver a la situación de equilibrio. La cuestión es: ¿Cómo, cuándo y quién se va a atrever a hacerlo?

Y mientras tanto la enfermedad avanza…

Miguel Solana Ramírez

Read Full Post »