Archive for 27 agosto 2012

¿Es esto justicia? Breivik, el asesino de Oslo

En primer lugar y antes de abordar una cuestión tan compleja y profunda como es esta, deberíamos empezar por definir lo que es la justicia, independientemente de los carices culturales que adquiere en cada país y en cada ideología. Entre otras acepciones, podemos entender que la justicia consiste en premiar o castigar en función de los actos de cada uno, de manera que las instituciones que la imparten deben establecer diferentes categorías de castigo para aquellos cuyos actos atenten, de una forma u otra, contra el bien.

El problema es: ¿dónde está entonces el límite a la hora de impartir justicia? Antiguamente (aunque aún sigue vigente en algunos países) se empleaba una regla muy simple que consistía en castigar al otro de la misma manera con que había obrado el ajusticiado, esto es, la ley del talión, que en otras palabras viene siendo “ojo por ojo y diente por diente”. Tal vez es lo más sencillo del mundo, pero en este caso aquel que imparte la pena queda rebajado al mismo nivel que el delincuente, al igual que la pena de muerte, reducto de justicia primitiva en alas de desaparición.

A veces las penas han sido desproporcionadas con respecto al delito cometido, como fue el caso del Tribunal de la Inquisición, aunque poco a poco y en gran parte debido al aumento de los derechos humanos, las penas se han ido acotando dentro de unos límites más razonables, aunque aún existen el exceso y el defecto. En ambos casos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿es esto justicia?

Un hecho que ha mantenido en vilo a los medios de comunicación durante los últimos meses ha sido el juicio contra el asesino de Oslo, Anders Behring Breivik. Para refrescar la memoria (aunque no creo que nadie lo haya olvidado), recuerdo que este hombre fue el responsable de los dos atentados ocurridos el 22 de julio de 2011 en Noruega, país mundialmente conocido por su pacifismo y en el que precisamente se imparte el premio Novel de la paz. Ocho almas dejaron entonces este mundo por la detonación de un explosivo en la sede del gobierno de Oslo, y otras 69, la mayoría jóvenes que se encontraban en un campamento fueron tiroteadas sin piedad por Breivik en la isla de Utoya.

En un principio se le hizo un examen psicológico para averiguar si Breivik estaba loco, caso en el que tal vez sus actos fueran algo más comprensibles, en el sentido de que no estaba en posesión de sus facultades mentales, lo que tampoco justifica sus hechos, pero finalmente se vio que estaba cuerdo, lo cual es peor incluso que si lo hubiera hecho en un estado de enajenación mental, pues ello indica que lo hizo premeditada y voluntariamente, con una sangre fría que conservó durante el juicio con su eterna sonrisa descarada. Él aceptó con gusto la sentencia, pues buscaba convertirse en un mártir por su causa y, por desgracia, casi logra su objetivo, pues hace pocos días fue detenido un hombre que ya había reunido un arsenal dispuesto a emular la que era, en su opinión, “la gran hazaña de Breivik”.

Recientemente, el tribunal dictaminó sentencia: le sentenciaron a la pena máxima, esto es, a 21 años de prisión prorrogables si se sigue considerando que su libertad pone en riesgo a la población, por lo que podría convertirse en cadena perpetua. Breivik reconoció que fue el verdugo de sus 77 víctimas y durante el juicio siempre daba muestras de orgullo por sus actos haciendo uso del saludo nazi, pero el hecho más cruel y deleznable fue su última declaración: pidió perdón a las víctimas y a sus familiares por haber matado a sus hijos y hermanos. Les pidió perdón por no haber matado a más. ¿Cómo se queda uno ante estas palabras y al saber que tal vez (Dios no lo quiera) dentro de 21 años volverá a caminar entre nosotros un ser como Breivik? Sólo una pregunta nos viene a la cabeza: ¿es esto justicia?

Miguel Solana  Ramírez
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Más datos sobre el nuevo informe forense y sobre la situación actual.

Cada vez son más los datos que nos llegan a nuestras pantallas de televisores, ordenadores, móviles, impresos en periódicos… Descubrimos más y más datos sobre el último informe antropológico elaborado por el insigne antropólogo forense Francisco Echevarría. El dato más notable es el que nos informa de que los restos óseos encontrados en la hoguera de la finca de “Las Quemadillas”, propiedad de los padres de Bretón, no son huesos de animal, sino que son huesos humanos. Además se añade que los restos pertenecen a individuos subadultos, es decir, niños. Cabe destacar, corrigiendo cualquier duda sobre el tema, que no es cien por cien seguro que dichos restos pertenezcan a José y Ruth, ya que no se han producido por el momento ninguna prueba de ADN, única prueba fiable al noventa y nueve por ciento.

Lo curioso es el rumbo que ha tomado el caso tras la publicación del nuevo informe, que la familia Ortiz, de la que forma parte Ruth Ortiz, madre de los niños y exmujer de Bretón, ya conocía desde hace más de diez días. Nos es algo escabroso el que tras diez meses de investigación, sea ahora cuando se identifiquen los restos como humanos y hayan sido confundidos desde el principio con los restos óseos de animal. Aquí podríamos advertir un fallo gigantesco en la investigación, pero fuentes oficiales de la policía afirman que el veredicto final, tomado en el primer informe, se ha intentado modificar, pero fue el encargado de dicho informe quien no movió ficha. Por ende no podríamos culpar a la policía científica, como grupo de investigación, por ese grave error, más cuando dicho organismo ha estado implicado al cien por cien en el caso.

Otros datos curiosos, a los que sí podríamos tirar el anzuelo y culpar a alguien de una mala investigación, es de la pérdida de las tres bolsas de basura que Bretón repartió por distintos contenedores de la zona. Pero los vídeos que muestran a José deshaciéndose de ellas, fueron publicado días más tarde, cuando la recogida de basuras ya había hecho su trabajo. Esas bolsas, además, están conectadas hipotéticamente con un supuesto: de ser cierto que Bretón quemó a sus hijos en aquél horno crematorio simulado, no pudo carbonizar los cuerpos en tan poco tiempo, en aproximadamente una hora y poco. Por ello, viene al pensamiento una idea escabrosa, Bretón se deshizo de las partes más difíciles y ahí intervendrían las bolsas.

Al mismo tiempo, añadido a la supuesta mala investigación, nos encontramos con que en la hoguera había también piezas dentales, que podrían ayudar a identificar los restos, ya que las piezas dentales son menos vulnerables al fuego como el resto de las piezas óseas.

En cuanto a resultados obtenidos de los informes, se detalla que el análisis geotérmico, realizado sobre el posible escenario escabroso, indican que a diferencia de cualquier hoguera, donde el calor se reparte en círculos concéntricos, en este caso, aparece involucrada una forma rectangular, lo que podría ser identificado con la plancha que puesta sobre los ladrillos formaba parte de dicho horno simulado.

Aun así, el abogado de José Bretón no deja de desmentir el segundo informe, amparándose en la contundencia que supone la intervención de la policía científica en el primer informe, echando por tierra la profesionalidad del eminente antropólogo Francisco Echevarría. Por otro lado, mantiene que seguirá defendiendo al acusado.

Por otro lado, José Bretón sigue manteniendo un comportamiento cínico, búsqueda de protagonismo y en ocasiones llega a utilizar la imagen la de sus hijos para conseguir la libertad, añadiendo que sólo él sabe dónde están y que si sale, podrá ayudar a encontrar a los niños. Otro movimiento más enrevesado y frío de José.

Sin embargo, al margen de todos los datos, tomamos conciencia de que esto se ha convertido en un asunto polémico a nivel nacional. Por ello, el propio Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, va a compadecer en una rueda de prensa para aclarar todos los datos conocidos. Sabemos que no todo se podrá aclarar, ya que el juez ha declarado de nuevo el secreto de sumario, un secreto de sumario que ha comenzado desde primera hora de la mañana con la reunión del juez con los distintos responsables de diversas investigaciones, abogados e involucrados en el caso. Además, mañana, su señoría llama a compadecer a José Bretón en la finca de “Las Quemadillas”.

Desde aquí, aunque todo aquello que haya podido escribir en esta entrada, muestro mi más sincero pésame y doy todos mis respetos y cariño a la familia de los dos niños inocentes. La intención de La Gaceta de Cultural y la mía, no es mediatizar un tema tan escabroso, sino intentar explicar un suceso polémico para evitar las interpretaciones posibles que lleven a algo peor. Es un asunto dramático y cualquier interpretación sobre el mismo supone ser infiel a la verdad y ser irrespetuoso con el duelo de los afectados. Desde aquí, si así pudiese interpretarse en este escrito, pido perdón en mi nombre y en nombre de La Gaceta Cultural.

José y Ruth Bretón Ortiz, que allá donde estén descansen en paz.

Néstor Sánchez de Toro.

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Pocas cosas han hecho que me despierte tanto como lo ha hecho esta peregrinación… Y por qué ha sido, os preguntaréis. Aquí os contaré todo lo que ha supuesto para mí, y por qué la recomiendo a todo el mundo.

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Para empezar, voy a explicar en qué consiste una peregrinación. Una peregrinación es un viaje que se hace a pie a un lugar santo, para conseguir apreciar la belleza de lo que vas a ver. Además, supone un reto personal enorme, por varios motivos que más adelante explicaré detalladamente… Y al final, consigues varias cosas, aunque depende de la persona que lo experimente. Yo contaré mi experiencia. Yo tenía los siguientes motivos para ir: notaba que me estaba quedando “muerto en vida”, y eso no es bueno, puesto que mis ganas de vivir se basaban en el futuro, no en el presente, y si uno no disfruta del presente, entonces no disfruta nunca. Por ello, fui a Polonia, dispuesto a reencontrarme con Aquél que había cambiado muchas veces mi vida. Llegamos a Kraków (Cracovia), que resultó ser una ciudad muy bonita, que tenía gran variedad de estilos. Además, resultó que estaba en mitad del campo, y eso nos desconcertó a todos, debido a que era otro concepto de ciudad al que no estábamos acostumbrados. El primer día de la peregrinación nos tuvimos que despertar a las 5:00 am, y ese despertar a mí se me hizo duro. Nos pusimos en marcha una vez oída la misa, y ahí empezó la peregrinación (6 de agosto). Al comienzo del camino, salimos cantando para animarnos los unos a los otros y a nosotros mismos, pues nos quedaban seis largos días de peregrinación. Era impresionante ver cómo algunas señoras mayores polacas se despedían de nosotros llorando de emoción, pues sabían lo que estábamos haciendo. El primer día fue el más largo para mí, estaba muy centrado en mis problemas, no sabía a qué me había ido a enfrentarme, y tras el primer día de marcha, pensé que muy probablemente no aguantaría otros cinco como aquél, que sería demasiado duro… Sin embargo, ocurrió lo inesperado: al llegar al sitio donde teníamos que colocar las tiendas de campaña, resultó que nos tenían que repartir los macutos, y a la espera de la entrega, había un italiano que nos distrajo a todos, y repito, a todos, los 1200 o más que éramos para pasar un buen rato riéndonos y cantando. Esto me sorprendió muy gratamente, y permitió que me abriera no a lo que pudiera yo hacer, sino a lo que los demás hacían para que esto fuera posible. Así, disfrutaba del momento en que poníamos las tiendas, en el que nos teníamos que duchar con nuestras duchas portátiles, y en el momento en el que preparábamos la cena y nos la comíamos juntos los españoles (habíamos ido 22-23).
A partir de ahí, la peregrinación cambió mucho de matiz para mí: había pasado de ser un reto personal con mis problemas a compartirlo con los que me acompañaban y, por tanto, con Aquél con quien yo quería encontrarme: esto permitió el encuentro, y de aquí la experiencia fue de disfrute total, abriéndome yo a conocer a la gente y dejando que me conocieran.
Y, cuando llovía, o cuando hacía un calor abochornante, es decir, cuando había circunstancias inevitables, habría aprendido a aceptarlas, pues es mucho mejor aceptarlas que ser susceptible a ellas, porque así llegas a disfrutarlas, como me pasó a mí: disfruté de la lluvia y del calor, de la comida picante, de las misas en polaco, de las oraciones en polaco y de los momentos de silencio. Incluso llegué a disfrutar del hecho de que el último día (11 de agosto) nos levantáramos a las 2.45am con lluvia para llegar a las 16.00 al santuario de la Virgen Negra.
Pero no todo el mundo debería ir a esta peregrinación: la propuesta se plantea para quien inicia una nueva etapa en su vida, es decir, para los que entraban en la universidad o para los que entraban en el mundo laboral, porque aquí te dabas cuenta de la metáfora de la vida con el camino,y esto te permitía comenzar uno nuevo.
Esto es de lo más verdadero que me ha pasado este verano, y os lo ofrezco porque cuando alguien encuentra algo bueno, necesita compartirlo.

Juan Andreo. El artista ruso

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    Antes de todo quiero pedir disculpas por si este escrito no fuese todo lo brillante que debería ser, llevo varios meses apartados de esta gaceta y he decidido, tras mucho tiempo sin escribir, reincorporarme tomando una noticia de semejante magnitud como tema.

    “Todo indica que Bretón durmió a los niños y luego los quemó en una plancha, para luego confundirlos en la hoguera con otros restos óseos, aunque este término no ha sido confirmado oficialmente.”

    Cuesta mucho el imaginar los motivos que llevan a un padre a asesinar a sus propios hijos, máxime con tan maña crueldad. Dormidos, aún vivos, vivos y quemados. Quemados vivos. Un delito amoral, un suceso injustificable. Débiles, ingenuos ante la confianza que supone la existencia de una relación paterno-filial. Impotencia, eso es lo que nos despierta esta noticia, una noticia fría, que te deja sin aliento, que te hace mirar la especie humana como deprimente, cruel, asesina. ¿Acaso existe perdón para esto? Pero lo más cruel, lo más duro y dramático de todo ello es el cómo ha reaccionado la madre de los pequeños cuando, a falta de informaciones estrictamente oficiales, haya recibido las novedades sobre el caso.

    Ha pasado casi un año desde la desaparición de los niños, un tiempo donde el padre, asesino de las pobres criaturas, ha mantenido siempre su coartada alegando que perdió a los niños en un parque. El caso ha supuesto una enorme inversión de dispositivos, fuerzas y organismos, como la intervención de la Interpol, que ha dado como resultado un fatal descubrimiento. Al investigar la finca, propiedad de los padres de Bretón, se encontraron entre varios objetos, que remitían a recuerdos que guardaba José sobre su matrimonio, una serie de restos óseos que en un principio se creyeron animales. Se decía que eran de perro o de pequeños roedores. Finalmente tras una revisión en las pruebas, se ha llegado al escabroso descubrimiento. En esos restos, se han encontrado muestras de ADN perteneciente a los niños.

    Duele el pensar qué le ha llevado a José Bretón a asesinar a los pequeños, pero más duele, además de el modus operandi del asesinato, un hecho clave: Bretón quemó a sus hijos entre una pila de recuerdos que hacían referencia a su exmujer y a su matrimonio con la madre de los niños. Quemados como míseras fotos y adornos sencillos, tratados como objetos, como simples postales, como… Cosas. Unas cosas que debían ser eliminadas para olvidar a aquella mujer, para olvidar aquel matrimonio que fracasó. O pudiere ser que José Bretón lo hiciese todo por atacar a su mujer, ya que no podía hacerle daño directamente, premeditó hacerle daño de la forma más dolorosa posible; matando a sus propios hijos.

    Nos debe quedar claro, que independientemente de los motivos, aquel hombre que mató a sus hijos lo hacía con premeditación. Aquella tarde, los niños comían en la finca unas pizzas, unas pizzas que les llevarían al peor de los destinos, la muerte, el asesinato a manos de un padre loco, cruel, sin principios, bestia humana. “El hombre es un lobo para el hombre”, pero esto es demasiado.

    Nada, y repito, nada justifica un asesinato y menos el de unos hijos. Cierto es que José Bretón carga con cierta locura o problemas mentales derivados de su pasado como militar, pero no sirve para quitar la culpa al hecho. En un asesinato, si el culpable sufre de problemas mentales o psicológicos, se toman eso como atenuante de la situación, así como si se hace bajo los efectos de el alcohol o de las drogas.

    Seguramente José Bretón vaya a un psiquiátrico, lugar de destino de todas los criminales que sufren de cierta enajenación, pero ya está. Ese hombre está loco, pero ¿Y qué tiene que ver eso con el asesinato a sangre fría que ha cometido? Bretón debería ir a la cárcel y pudrirse en ella. No hay sitio en esta sociedad para los asesinos de ese rango. Y es por ello, por estas cosas, por lo que deberíamos reabrir de nuevo el famoso debate sobre el endurecimiento de penas y la aprobación de la cadena perpetua.

    Además, deberían ser investigados más a fondo todos los casos de separaciones y custodias compartidas donde haya síntomas o reflejos de violencia por parte de uno de los progenitores. Hay testimonios que confirman que José Bretón llegó a maltratar a sus pobres hijos. Y finalmente ha acabado con sus vidas.

    Desde aquí, pidamos respeto, comprensión y apoyo a la familia afectada de los pequeños y volvamos a tomar el control reabriendo el debate que tanto nos ha preocupado, el endurecimiento de penas criminales. Guardemos un minuto de silencio por los pequeños y pidamos la condena justa para el suceso. Si estás de acuerdo con la sociedad, únete en Twitter al grito de #CadenaPerpetuaParaJoséBretón

    Néstor Sánchez de Toro.

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Niétochka Nezvánova

Autor: Fiódor Dostoyevski

Editorial: Sin especificar

Género: Existencialista

Argumento:

La protagonista, Niétochka, es la hija de un matrimonio roto y pobre debido a los vicios y excesos de su padre, un violinista que, pese a su gran talento, se había perdido en la bebida porque se negaba a trabajar al creerse demasiado bueno. Para pagar la bebida roba lo poco que ahorra su mujer con duros trabajos a pesar de su delicado estado de salud, llegando incluso a quitárselo a su hija cuando iba a comprar medicinas. Al final, la madre muere y el padre abandona a su hija en la calle en un ataque de locura a causa de los remordimientos que le conducirá a la tumba. Por suerte, Niétochka es encontrada por un príncipe que la acoge en su casa, donde entabla su primera amistad con la hija del príncipe, Catalina. La enfermedad de un pariente del príncipe hace que la familia se mude y dejan a Niétochka con  la hija mayor del príncipe, Alejandra, ya casada. En ella encuentra a una profesora y a otra amiga, pero debido a un malentendido la relación acaba.

Crítica:

La novela, una de las primeras de Dostoyevski, está inconclusa de forma muy brusca debido a que fue detenido y enviado a trabajar a Siberia por motivos políticos. Se  haya dividida en tres partes que parecen historias independientes y que se corresponden con los tres hogares que tiene la protagonista.

Niétochka es una chica que nunca ha conocido el amor de una familia ni tampoco ha tenido ninguna amistad. Por eso parece que incluso llega a enamorarse de su padre, pues  le había ofrecido una salida idílica de su sufrimiento, sueño al que la niña se aferró con la esperanza de acabar alguna vez con su sufrimiento. No obstante, para ella todo parece acabarse, pues cada vez que encuentra una alegría en su vida, un hogar o una amistad, al poco tiempo desaparece como si se hubiera pasado página.

De las tres partes de la historia, la más intensa es la primera, en especial el personaje de Efimov, el padre de Niétochka, con el que Dostoyevski hace gala de su gran habilidad psicológica y del que se pueden extraer varias conclusiones. Aunque era un gran genio del violín, había caído en el pensamiento de creerse superior a los demás y no acepta los consejos de su amigo B.., otro violinista que intenta sacarle de su ego buscándole trabajo o ayudándole cuando lo necesita, aunque él siempre los rechaza y cae una y otra vez debido a su debilidad por la bebida. Mientras que B.. no tenía tanto talento como Efimov, él había trabajado mucho por mejorarse a sí mismo y a aprender, mientras que Efimov nunca trabajó e incluso rechazó muchos trabajos porque se creía un genio. Esto hizo que B.. lograra triunfar, pero Efimov cayó en la frustración, en la pobreza y en el vicio, criticando a los demás violinistas porque en realidad tiene envidia de su éxito.

Uno puede intentar ayudar a un amigo cuando sabe que está yendo por un camino equivocado, pero si él se niega a aceptar tu ayuda no se puede violentar su “libertad”, porque entonces sólo se consigue que se enemiste contigo por obligarle. Lo único que queda por hacer si realmente es tu amigo y te interesa su bien es permanecer a su lado y continuar ofreciéndole tu ayuda con la esperanza de que en algún momento se de cuenta de su error, tal y como hizo B.., aunque por desgracia no lo consiguió.

Miguel Solana Ramírez

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