Archive for 25 julio 2012

El Camino

Autor: Miguel Delibes

Editorial: Austral

Género: Novela social

Argumento:

Daniel, apodado el Mochuelo, pasa por una noche intranquila debido a que a la mañana siguiente debe partir a estudiar a la ciudad, dejando atrás toda su vida anterior en el pueblo junto con su familia, sus amigos y el resto de los habitantes. Esa noche comienza a recordar sus vivencias y aventuras en el pueblo, rememorando sus travesuras junto a sus dos inseparables amigos: Roque, el Moñigo, y Germán, el Tiñoso. Igualmente nos va presentando a todos los demás habitantes del pueblo, cada uno con su forma de ser, su historia y sus motes, todo ello edulcorado con agradables recuerdos de la vida rural, los paisajes en los que se desenvuelve la historia y las relaciones entre todos los personajes. Los tres amigos van aprendiendo al pasar por diversas experiencias, pasando por la amistad, el amor y la muerte, algunas de ellas duras y muy trágicas, que les harán ir creciendo.

Crítica:

El Camino resulta una lectura fácil y muy atrayente que te atrapa desde el primer instante debido a la sencillez con la que está escrita y los toques de comicidad que van apareciendo junto con las distintas aventuras que van pasando.

El título de la obra coincide con uno de los temas principales que se tratan en ella. El padre de Daniel, el Mochuelo, es el quesero artesanal del pueblo, vida que le acabó frustrando al no poder aspirar más que a su duro trabajo. Por esa razón decide ahorrar durante largo tiempo para poder enviar a su hijo a estudiar en la ciudad, para que así pueda “progresar”. El problema es que Daniel no siente ningún interés por dejar el pueblo en el que tiene toda su vida y sus amigos. Al final concluye planteando que la decisión de su padre le ha alejado del camino que realmente quiere seguir él en la vida, que su destino, lo que él realmente quería, estaba en el valle y no el la ciudad.

Otro de los personajes más llamativos es Roque, el Moñigo, uno de los mejores amigos de Daniel. Aunque aparenta ser un chico duro, buscando pelea por “motivos justos” siempre que puede, eso en realidad es sólo una imagen que emplea como defensa para que no le puedan controlar, pero en el fondo es un niño igual que los demás que cuando observa las estrellas de noche le dan miedo porque se siente insignificante frente a ellas y a las montañas.

Daniel también comienza a dar sus primeros pasos en el terreno del amor. En un principio comienza con un amor platónico hacia la Mica, una mujer de gran belleza que tiene diez años más que él, aunque acabará superándolo tras saber que ella tiene novio. A lo largo de toda la historia había una niña, Mariuca, que siempre mostraba interés por todo lo que hacía Daniel con sus amigos, intentando participar en ellas para estar con él, aunque Daniel nunca dejaba que le acompañara. No obstante, después de superar su amor platónico y tras el hecho trágico final, comienza a hablar con Mariuca y descubre que en realidad tienen muchas cosas y problemas en común, lo que hace que comience a sentir algo con ella.

Daniel se enfrentará a la muerte de un ser querido por primera vez, descubriendo así su impotencia frente al hecho y que al final todos y cada uno de los habitantes del pueblo acabarán convertidos en polvo, al igual que las generaciones anteriores que poblaran el calle tiempo atrás.

Miguel Solana Ramírez

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Compañeros de viaje: la amistad

Tal y como cierta persona escribió muy acertadamente, la amistad es un camino que nos conduce hacia una felicidad inalcanzable por nuestras propias fuerzas. Por esta razón es por la que nos sentimos forzados a buscar compañeros que nos acompañen, que nos guíen en los momentos en los que nos alejamos del buen sendero hacia uno más oscuro, que nos aporten la fuerza que necesitamos en momentos de flaqueza en los que nos resulta imposible dar un paso más en este difícil y largo camino. Alguien que nos no reprima nuestro yo, más bien todo lo contrario, que nos permita desplegarnos para conocer quienes somos en realidad más allá de la apariencia, que entienda cómo funciona nuestra mente.

Por esta razón es importante saber discernir quienes son los verdaderos compañeros de viaje, en quienes podemos confiar nuestros problemas y a nosotros mismos, porque no todos los transeúntes con los que nos encontramos en el recorrido son buenos pilares en los que asentarse. Los hay que te acompañan en busca de diversión y que te alegran el viaje, pero que llegado un momento de necesidad, cuando el recorrido se vuelve oscuro, en el que se hace indispensable ofrecer una mano para levantar al compañero de fatigas continúan con el mismo paso en lugar de hacer un alto en el camino, pues no les merece la pena pararse.

Porque es cierto que detenerse también resulta cansado, pero la cuestión que debe plantearse uno llegado el momento es: ¿realmente merece la pena ayudar al caído teniendo que renunciar a algo? En función de la respuesta a esta cuestión, que no tiene por qué ser una grave lesión, sino ciertos rasguños que uno se va haciendo a lo largo de la jornada, podremos ir distinguiendo en quien depositar algo tan importante como es nuestra confianza.

Una vez que contamos con los verdaderos compañeros de viaje el camino se vuelve más luminoso y no parece tan escarpado, aunque alguien del grupo se tropiece y caiga y tengamos que pararnos un momento para prestarle la ayuda y los cuidados necesarios. Porque también es cierto que nosotros también caemos en ocasiones, a veces de cabeza a un pozo, y lo importante es que ellos están ahí para lanzarte un cabo para sacarte y ponerte de vuelta en el camino.

Sin embargo, hay veces en las que alguien sufre una lesión en el trayecto que apenas termina de sanar o que tiene difícil o imposible solución. En estos casos, nuestros compañeros de viaje se preguntan cómo pueden sanarlo, cómo pueden ayudar, pese a que sepan que es algo que se les escapa, que no depende de ellos y que, en definitiva, tal vez no puedan hacer absolutamente nada salvo continuar caminando a su lado y ofrecerle su compañía. Pero el caso es que la espina continúa clavada y a veces nos resulta difícil seguir sin sacarla aunque no podamos. ¿Qué podemos hacer entonces?

Es algo totalmente objetivo el que por mucho que queramos no podemos conseguirlo todo, no podemos ser de otra manera a la que somos y no podemos solucionar cosas que van más allá de nuestras posibilidades y que se nos escapan. A veces la medicina que soluciona el problema está en frente nuestra pero la decisión de tomarla es del prójimo, no tuya, de manera que lo único que está en nuestra mano hacer es enseñarle el frasco con el remedio, pero no podemos hacer que tome su contenido si la decisión no surge de él mismo.

En todos estos casos en los que no podemos actuar contra un problema porque su solución no está a nuestro alcance, tal vez lo único que podemos hacer es acompañar, reconocer que hay cosas que, aunque nos duela, están más allá de nuestras posibilidades y ofrecernos como punto de apoyo adicional que sostenga lo que ya no puede sostener el pilar que se halla dañado en la otra persona, continuando la ruta con la esperanza de que más tarde o más temprano aparezca una solución que nos resulte asequible, porque este es uno de los muchos caminos que nos conducen hacia  nuestra meta final: la felicidad.

Miguel

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Nadie te prometió el mar…

Así es, nadie nos prometió el mar, nadie nos dijo al nacer que la vida sería fácil y que tendríamos asegurada una plaza en ese gran crucero que parte hacia otro lugar… Nadie nos dió en el vientre materno un paquetito con un lazo que al abrir desvelaba unos mapas, una llave y un botón de autoreinicio. No, nacimos solos, en la oscuridad, empujados desnudos y manchados de dangre hacia la luz de este mundo, entre dolores y siendo crueles con nuestra madre. Nacimos ya siendo unos cabrones y desgarrando a nuestra madre por egoísmo, nosotros quisimos salir, no nos importó nuestra madre.

Si hubiésemos tenido un mapa, seguro hubiésemos cuidado a mamá. Pero no, crecimos sin esos mapas, unos mapas perdidos por el mundo que tampoco tienen un mapa para conseguirlos. Y vivimos, gozamos y sufrimos sabiendo que no teníamos un camino fijo por el que ir. Un día fuimos buenos, otro matamos la inocencia y otro nos sobrepasamos con la chica o el chico que queremos, los hacemos sufrir cuando olvidamos que los queremos. Así somos, Rousseau fue un embustero, nadie es bueno, todo lo contrario, somos malos. Baudelaire, Baudelaire fue el que puso la piedra del hombre, somos malvados, egoístas, insensibles e insensatos.  No pensamos, buscamos la elección que nos lo hace más fácil y a la primera de cambio nos negamos a actuar…Nos quejamos del mal, de que estamos hartos de luchar, de vivir y de sobrevivir en un mundo cruel, en un mundo de vicio y desesperación. Nos quejamos de todo cuanto nos hace daño, pero nadie puede quejarse, NADIE NOS PROMETIÓ EL MAR. Nacer no significó un seguro de felicidad. nadie nace con un pan debajo del brazo, se lo tiene que buscar.

Y así es, nada se nos da, nadie nos da nada y hay que buscarlo. La amistad, el amor, la familia es un mundo en miniatura, allí nadie nos promete la laguna, nadie nos prometió el mar. En el momento en que formamos parte de ella aceptamos algo, algo que no se escribe en contratos o papeles, un mundo sin mapas. Cuando aceptamos tenemos que luchar, debemos sufrir cuando hay que hacerlo y quitarnos de encima lo que queremos por una causa mayor. LA AMISTAD ES EL PUENTE QUE LLEVA A LO INFINITO, A BUSCAR LA FELICIDAD. Amistad no significa mísera compañía sino agarrarse de la mano para buscar aquel mar que nadie nos prometió. Un mar que necesitamos como el aire, solo que éste entra en nuestras narices solo, nadie lo impulsa. Esa búsqueda, ese Oasis de felicidad es lo que requiere toda nuestra atención y la amistad nos lleva de un modo u otro. Esa es la causa de la amistad, no podemos renunciar cuando encontramos piedras en el camino o porque el otro ha hecho algo… ¿RECUERDAS QUE ESTAMOS BUSCANDO UN MAR? El mar de la libertad, la verdadera libertad, el beso del corazón. Y un amigo, es un compañero peregrino que te limpia los pies, que te da de su agua o cambia tu calzado por el suyo cuando estás mal en el camino… Y tú lo mismo. Un amigo debe desvivirse por otro, besarle la mano sangrante y acariciarle el rostro triste, tocarle el corazón, DISTRAER LA PENA DE UN CORAZÓN QUE ANSÍA EL MAR. Un corazón arrojado a un valle de lágrimas, lágrimas que no superan a las gotas saladas de ese mar.

El amigo es la guía, es el apoyo y por mucho o poco que te guste, no puedes renunciar a él ¿RECUERDAS QUE ESTAMOS BUSCANDO UN MAR? Y esa doble mirada, compañeros infinitos, de la mano, oteando el horizonte, hacen posible el avistar el mar…CUATRO OJOS VEN MÁS QUE DOS Y CUATRO MANOS AGARRAN MÁS FUERTE LA FELICIDAD, BATEN SUS DEDOS MEJOR DENTRO DE ESE AGUA QUE NADIE PROMETIÓ, UN AGUA QUE ANSIAMOS ENCONTRAR.

El desierto de nuestras vidas, una pantomima comparado con aquello que nos espera al otro lado de la playa…Busquémoslo, encontrémoslo, pero jamás, JAMÁS TE RINDAS PORQUE TE HAGO DAÑO, PORQUE ME HACES DAÑO, PERDONÉMONOS PORQUE ESTO NO TIENE NADA QUE VER CON LAS OLAS DE AQUELLA CHARCA. NO ME SUELTES NUNCA DE LA MANO, NO TENGAS MIEDO ESTOY AQUÍ COMO TÚ ESTÁS. Y SOBRE TODO TECUERDA QUE ESTAMOS BUSCANDO UN MAR, UN MAR DEL QUE NOS HABLARON DE PEQUEÑOS. DEJÉMONOS DE LOCURAS Y ESTUPIDECES PORQUE <b>NADIE NOS PROMETIÓ NUNCA EL MAR</b>.

Néstor.

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Amy Winehouse, la leyenda.

Ya hace un año que se nos fue precipitadamente la diva del soul, Amy Winehouse.

Me enteré por las redes sociales y no me lo podía creer: otra gran artista se iba y nos dejaba un poco más tristes que ayer. Me pasó lo mismo con el rey del pop, Michael Jackson, pero éste me tocó más el corazón. Estaba más familiarizada con su música, me había acompañado a lo largo de mi vida, conocía un poco más su historia, aunque no me considero una fan acérrima, creo que soy de esas personas que pone sus canciones de vez en cuando y ves que te emocionas, que no puedes creer que ya no esté aquí.

Amy era una niña llena de ilusión, con una gran voz, una voz de negra dentro de un cuerpo de blanca, un don muy poco común. Pero su vida se truncó por culpa de las drogas y se la conocía más por ese asunto que por su enorme talento artístico. Amy era una mujer que pedía ayuda en el fondo de su corazón, aunque no quisiera ir a rehabilitación porque se autoengañaba diciendo que estaba bien – cuántas veces habremos hecho lo mismo nosotros, ¿verdad? –. Era una mujer que pedía cariño y lo encontró en el hombre que la introdujo a las drogas: su príncipe azul se convirtió en su peor enemigo. Y ante el dolor, se refugió en las drogas y en el alcohol, el causante de su muerte. Y era una mujer poco comprendida que expresaba sus sentimientos en sus canciones, con las cuales ha llegado a miles de personas y con las que la recordaremos por siempre.

El gran éxito de Amy fue Rehab, una canción que habla de cómo su padre la quiso llevar a rehabilitación y ella no quería. Sabía perfectamente que no era bueno para ella beber pero lo hacía para no perder a su chico, según cuenta la canción. Sólo quería un amigo, ella misma lo dice. (Aquí tenéis la letra en español).

Lo más duro en estas ocasiones es imaginar que todo podría ser diferente. Amy se estaba rehabilitando del alcohol pero le dio un bajón y fue lo que le llevó a la tumba. Si no hubiese pasado eso, seguiría aquí – espero que mucho mejor – regalándonos su música y su corazón en cada una de sus canciones. Sólo nos queda el recuerdo, para algunos bueno y para otros malo, nos queda una historia con ella y su música, nos queda revivirla cada vez que la oigamos.

Amy Jade Winehouse, estés donde estés, todavía sigues muy presente. Descansa en paz.

Irene

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El príncipe destronado

Autor: Miguel Delibes

Editorial: Austral

Género: Narrativa infantil

Argumento:

Esta novela se desarrolla tan sólo en un día, concretamente el martes 3 de diciembre de 1963. Comienza a las 10 de la mañana, cuando el protagonista, un niño de casi 4 años llamado Quico, se levanta y comienza su día, y finaliza a las 9 de la noche, momento en el que vuelve a la cuna en la que comenzó a descansar.

Quico es el quinto de seis hermanos hijos de un matrimonio rico que vive en una casa grande, perfecta para las aventuras de un niño de su edad. Por la mañana, los tres hermanos mayores están en el colegio, por lo que se dedica a jugar y a hacer travesuras junto a su hermano mayor inmediato, Juan, y su hermanita pequeña, Cristina, volviendo locas a su madre y a sus cuidadores, Vítora y Domi.

Aunque su inocencia infantil le impide darse cuenta en ese momento, lo cierto es que Quico vive en un hogar en el que la relación entre sus padres está casi rota, en parte por la ideología del padre.

Crítica:

En esta novela, Delibes capta perfectamente la forma de ser de un niño de 4 años, lo que nos permite rescatar recuerdos de nuestra pasada infancia. Uno de los puntos clave es su inocencia infantil, que ligada a su curiosidad le lleva a explorar, a preguntar sobre las cosas que ve. En ocasiones esto conduce a situaciones graciosas que nos sacan alguna sonrisa porque lo hemos vivido o lo hemos visto en algún niño pequeño, como por ejemplo el hecho de que no les gusta que les consideren niños pequeños, lo que les lleva a imitar lo que hacen los mayores con resultados que no son siempre iguales.

Es alucinante el cómo encuentra juguetes y medios de diversión en cualquier cosa, como es el caso de su tubo de dentífrico, capaz de transformarse de un momento a otro en un camión, en un barco, en un cañón, en una tele, y en todo lo que se le pase por su imaginación.

El tema principal que se trata en la historia es el estado de “príncipe destronado” que aquellos que hemos tenido hermanos pequeños hemos experimentado, en mayor o menor grado. En el momento en el que nace el nuevo integrante de la familia y como es natural, los padres y los demás hermanos suelen prestarle más atención, lo que puede llevar al anterior benjamín a sentirse desplazado. Esto hace que trate de buscar su perdido protagonismo haciendo trastadas para volverse el centro de todas las miradas.

En la novela se plasma este estado perfectamente, pues al principio, cuando no cuenta con toda la atención, Quico sólo ve a su madre como “una bata de flores rojas y verdes” o “un jersey de rayas”, que resulta algo frío e inerte, mientras que al final, cuando la madre comprende que debe superar la situación aportándole también su amor por igual, Quico se aferra a su mano para escapar de los miedos que le provoca la noche para conciliar el sueño.

También aparecen otros temas, como por ejemplo el poder adoctrinante que puede ejercer la educación, pues los mayores le enseñan a despreciar a los negros y su padre trata de inculcarle una visión racista sobre la mujer.

Miguel Solana Ramírez

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