Archive for 27 marzo 2012

Si pensabamos que en el mundo de la literatura estaba todo hecho, nos encontramos con la piedra que nos traba el camino y nos indica que no es así. Ya lo hizo Miguel Delibes con su obra experimental Cinco horas con Mario que nos introducía de una forma más cercana la técnica del monodiálogo conjugado con la potencia mental de una mujer que va desgranando a través de la lectura de unas citas remnarcadas en la biblia de su recien difunto marido, Mario Díez.

Carmen Sotillo, que así es como se llama la mujer, nos abre las puertas a su vida y en especial a su matrimonio ofreciendo una crítica a sucesos cotidianos entre la pareja, sean íntimos, sean públicos. Durante veintisiete capítulos de mono-diálogo podemos apreciar mediante una ruptura del orden cronológico, con idas y venidas, la sucesión de multitud de sucesos combinados (técnica del contrapunto) que implican la participación no sólo de los personajes principales (Carmen y Mario) sino de otro tanto ingente número de tantos otros como Encarna (cuñada viuda de Mario), Valen (amiga de Carmen) y Paco (“amante” de Carmen en vida de Mario), entre muchos más.

Estos sucesos albergan infinidad de momentos concretos seguidos de una crítica de Carmen hacia Mario y su comportamiento. De hecho, es ese reproche el que narra de laguna forma el suceso. Podemos destacar aquí la queja por parte de Carmen ante la indecisión de su marido, la falta de consideración a su propia mujer (que se muestra tanto en la falta de cariño cotidiano, como ayuda así como en el rechazo supuso que Mario se diese la vuelta en la cama la noche de bodas o en la necesidad insatisfecha y no resuelta de un seiscientos) como la crítica  alos valores morales y la ideología de Mario (detracta tanto el socialismo de Mario como el espíritu educativo y caritativo, además de intelectual).

Al mismo tiempo, durante el desarrollo de la magistral intervención de Carmen, se echa en falta el testimonio de Mario, quien está muerto. Pero podemos apreciar, en cambio, allá por los últimos capítulos la descripción de varios libros escritos por él. Aquí, Mario se desahoga de menor forma que Carmen describiendo unos protagonistas que sufren por la falta de consideración de su esposa o por la falta de reconocimiento de su amor por los demás). La ignorancia de Carmen sobre el significado de la trama de los libros nos muestra cómo Menchu (Carmen) no conoce bastante bien a su marido, de hecho lo afirma Esther, una amiga de Carmen que adora en buen sentido a Mario.

Pero no sólo podemos encauzar nuestro pensamiento sobre un matrimonio débil por esto, sino también por el mero hecho, descrito por Carmen en su diálogo, de que ella sólo se casó con Mario por pena al pensar qué sería de él sin ella, viéndole mal vestido y desordenado. “Eso no es amor, es compasión” decía la suegra de Mario.

Y sobre este matrimonio inestable, donde a parte de la ausencia de amor, es destacable el continuo rencor y reproche de Carmen, reflejamos una dualidad de pensamientos y valores; unos más conservadores, arcaicos y moralistas por parte de Carmen (debida a una educación con autoridad) y una más progresista y socialista por parte de Mario (debida al intelectualismo y a la educación por el saber): en resumen, una antítesis de un matrimonio inestable enmarcado en un periodo difícil para una España todavía falta de valores y desarrollo fuerte en comparación al resto de Europa.

Y es en Cinco Horas con Mario donde nos encontramos una ventana abierta a un mundo pasado detallado al dedillo por la visión experimental de una mujer que se hace llamar infeliz e incomprendida frente a un hombre intelectual indeciso y entregado a todo el mundo menos a su entorno privado. Por ello es posible el desarrollo de una profundización costumbrista de la primera mitad del siglo XX que se ve apoyada en cuanto al contenido narrado por un narrador externo, por una apertura a situaciones cotidianas dramáticas como es la presión dentro de un velatorio y en cuanto a la estructura, por un escritor sublime que mantiene el hilo conductor de la novela sin provocar tedio y mediante la reinterpretación, flujos y reflujos de ideas y un dominio excepcional de la lengua llevando un diálogo de 5 horas y 27 capítulos al lector de forma que resulte natural y de a pie. De aquí, damos gracias a Miguel Delibes por dejarnos una de las mejores obras de la literatura contemporánea.

Y desde aquí todas mis felicitaciones a Natalia Millán por su dramatización de la reciente adaptación teatral de esta obra, la cual voy a ir a ver en breve y a Lola Herrera, su predecesora.

Néstor

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Hemos visto Las Vegas tanto en el cine como en la televisión innumerables veces, desde la ciudad en la que pasar una noche de despedida de soltero y levantarte al día siguiente con tal resaca que no te acuerdas de nada, hasta introducirnos en el personal de un importante hotel-casino y ver cómo se las arreglan para atrapar a los “listos” que intentan robarles. Pero jamás una película en una ciudad tan trillada como la Ciudad del Pecado me había mantenido tan pegada al asiento como ésta: Ocean’s Eleven.
La película comienza con Daniel “Danny” Ocean (George Clooney) en la cárcel donde, después de unos añitos en ella, tiene la oportunidad de que le den la condicional. Al mentir lo más descarada pero convincentemente posible, el protagonista sale de prisión y se va moviendo entre sus antiguos círculos ya que piensa dar un gran golpe: robar tres casinos al mismo tiempo. Pero esto tiene sus matices: en realidad, se va a robar la cámara acorazada del prestigioso casino Bellagioen la cual también se encuentra el dinero recaudado en los casinos The Miragey MGM Grand, todos situados en el Strip, la avenida de los casinos.
El señor Ocean va a contar con su socio y amigo Rusty (Brad Pitt) el cual se encuentra enseñando a los actores de poca monta a jugar a las cartas; Frank Catton (el desaparecido Bernie Mac), un viejo amigo de Ocean que se hace pasar por crupier en un casino de Atlantic City; y Linus (Matt Damon), entre otros, un joven con mucho talento para el hurto el cual es el undécimo miembro del grupo de Ocean – de ahí el nombre de la película. El gran enemigo aquí será Terry Benedict (Andy García), propietario de los tres casinos a robar y novio actual de la ex-mujer de Danny, Tess (Julia Roberts).
Como se puede observar, el elenco es magnífico, con actores de gran envergadura y reconocidos mundialmente. Es un deleite ver la química que hay entre Clooney y Pitt en esta película; se nota en el ambiente que son amigos, que se llevan a las mil maravillas, y eso permite que el espectador sea cómplice de las conversaciones entre ambos. Además, el espectador se introducirá por completo en la banda, se sorprenderá con los métodos que utilizarán e incluso tomará cariño a cada uno de los miembros.
En definitiva, es una película divertida, con grandes momentos y frases que jamás se te olvidarán; con un gran nivel tanto en el elenco como en el guión – a ver quién es el listo que se le ocurre semejante robo –; con acción y suspense entremezclado con un poco amor – de esto último que nunca falte –; y con unas vistas de Las Vegas que te darán ganas de darte una escapada.
Irene.

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Si echamos la vista al frente admiramos la belleza de cuanto nos rodea, sea algo digno de mirar o no. Raro es el día en que no nos adentremos por callejuelas abandonadas a la suerte de las clases bajas, entre las cuales me incluyo yo y observemos el rastro si bien discutible rastro artístico, signo de exaltación de la rebeldía del autor.

Tempus fugit, diría un renacentista o un barroco, pero lo cierto es que es así. El tiempo huye y con él, las costumbres y las formas de comportarse e incluso de expresarse. El mundo cambia y evoluciona aunque esto no significa siempre que lo haga de forma progresiva. Mas no sólo el mundo metamorfosea sino también lo hacemos nosotros. Y cualquier juicio de valor respecto a los comportamientos humanos en cuanto al grado de moralidad, lo siento mucho pero no es hoy el día, no voy a afirmarme sobre ellos. 

Otro aspecto que cambia con el hombre es el arte y no hace falta más que ver la distancia que hay entre Dalí y su surrealismo y un Jan van Eyck y su detallismo. Si bien uno mezcla dos realidades existentes y transgrede los límites de la existencia concreta, otro transgrede las formas con su detallismo realista que intenta copiar el mundo como es, aunque quepa a veces margen para el idealismo. Pero estamos en lo correcto si admitimos que no son los mismos pintores. Y si ya nos adentramos en otros campos como la arquitectura, nos volvemos locos ante la comparación entre un Miguel Ángel, revolucionario en su tiempo y un Gaudí. Y así también dentro de la música y de la literatura.

Porque no podemos comparar las corrientes poéticas del siglo XIX que muestran los poetas malditos como Rimbaud, Verlaine o Baudelaire así como Corbière o Mallarmé con las tendencias del dolce still novo o el Siglo de las Luces. Pues bien, no tienen nada que ver ni en forma ni en contenido. Unos prefieren los temas cotidianos, otros los idealismos y la ensoñación. Existen algunos que se decantan por temas didácticos o morales y varios simplemente, se dedican a la descripción exhaustiva de la realidad como espejo del mundo como sucedía en el realismo ruso, aunque Tolstoi añadiese a sus descripciones paisajistas una pizca de idealismo.
Y haciendo aquí un poco de presión y espacio, nos introducimos en el mundo de la poesía y del verso. Los tiempos han cambiado también para los poetas. Ya no sirve sólo crear una composición poética sino que hay que venderla de forma atractiva. Y son muchas las formas de hacerlo entre las que destacamos el añadirle unas notillas musicales, al más puro estilo cantautor, a unos versos de Miguel Hernández. Perdóneme don Serrat, pero esto sí que me parece un sacrilegio independientemente del talento musical de los cantantes. Pero la verdad es que subordinando el verdadero valor ya no sólo del verso (pues en la antigüedad existían composiciones en verso y no eran poesía) sino del poema, se consigue acercar el arte del poeta al pueblo y a las clases menos cultivadas. Pero perdónenme señores, no es por ser snob (del latín sine nobilite) pero la poesía es poesía y no música así que si bien es cierto que la música puede llevar el aliciente del verso, no es arte poético, sino musical. Y desde aquí pido, por la honra de los poetas no estropeen las grandes obras añadiendo música; compongan con la misma temática y argumentos o ejemplos, pero no modifiquen, queda muy forzado y fuera de sí. Y eso sin hablar de la monotonía que supone el despiezar vientos del pueblo de Hernández en ritmos repetitivos y a veces cutres.
Y esto, señores míos, también va dedicado aquellos que mencionan que el rap es una poesía moderna. Pero no lo es, por dos motivos; una, muestra cierta tendencia al desprestigio poético como lo hacen los que cantan poemas (cada vez que lo imagino me entran los siete males) y dos, sus formas, aunque no deban ser refinadas (hay poetas muy simples) sí tiene que estar cuidadas de groserías y obscenidades. Pero qué le vamos a hacer, están locas estas juventudes (entre las que me incluyo yo también). Ora pintarrajean como si fuese arte (algunas lo son) las paredes ilegalmente, ora intentan emular con desprestigio a los poetas. Pero esto no es más que otro símbolo de un cambio más, la vuelta a la rebeldía romántica donde el hombre, generalmente el joven, debe dar imagen de su identidad sin importar nada. pero más me arriesgo y afirmo que no regresamos al pasado, sino que continuamos en una profunda crisis que ya se inició en el siglo XIX. Bienvenidos a la crisis de la mentalidad burguesa. Hay dos opciones; renovarse o morir, ¿cuál eliges?

Néstor.

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El peloteo es el deporte por excelencia, incluso más que el fútbol. Es una actividad internacional que todo el mundo ha realizado, al menos, una vez en su vida. Y, algunos, ya son catedráticos en ella.

El peloteo comienza desde la infancia con un “amigo” en el que vemos algún tipo de interés, aunque este interés es más económico que cualquier otro. El pelota comienza su táctica al acercarse a la presa disimuladamente y poniéndose detrás de él. Después de enterarse más o menos de la conversación – si está hablando con alguien, táctica estándar del pelota – hace una pequeña pero a la par grandilocuente intervención sobre el tema a tratar. Ante el shock original, la presa va cayendo en las redes del pelota y va tratándose con él. El objetivo ha caído en la trampa. Después, el resto es coser y cantar: el pelota le come la oreja a la presa, a la presa le gusta la atención que le brinda el pelota y, ¡tachán!, en el momento más inesperado, el pelota le pide a la presa dinero, el último videojuego de moda, el cromo que le falta de Cristiano Ronaldo o hasta sus calzoncillos. Y la presa, como un corderito, cede ante la proposición e incluso estaría dispuesto a darle un plus.

Lo que quiero decir con ésto es que a los españoles nos encanta el nuevo deporte rey y no sólo que nos lo hagan, sino también hacerlo. Veo a diario demasiado peloteo, un peloteo extremo en muchas ocasiones que busca una mejora de una nota, un positivo en una asignatura…y algunos, muy idiotas ellos, harían la pelota hasta por un mísero caramelo.

No me gusta el peloteo extremo, es más, me parece una práctica poco ética. Reconozco que a veces es necesario un ligero peloteo si vamos a trata temas delicados con los demás pero todo lo que se lleve al exceso no es bueno.
No quiero pelotas en mi vida, quiero gente con agallas que se haga valer y que consiga por méritos propios lo que quiere. No quiero que me hagan la pelota, quiero que me pidan las cosas a la cara y que tengan la caradura de mirarme a la cara mientras les digo un no rotundo. ¿Por qué tengo que dejarte un cosa a un individuo que jamás me ha hablado durante el curso y ahora tiene la desfachatez de pedirme algo? ¿No ves que se le nota demasiado el plumero?

Animo a la gente desde aquí a que deje esta práctica, si es que la realizan, dado que, aunque los resultados que se consiguen con esta práctica son rápidos, personalmente no se consigue ninguna satisfacción. ¿Dónde ha quedado la alegría que siente uno cuando consigue algo que ha estado persiguiendo por tanto tiempo? Parece que la gente se contenta sólo con el resultado y se olvida del sentimiento cuando debería ser al revés: lo primordial es sentirnos orgullosos de lo que hacemos por nosotros mismos sin pelotear a nadie.

Irene.

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Muchos son los días en los que pienso que algo malo me sucederá algún día. Desconozco la fecha y el lugar, pero sé que eso pasará. No me preguntéis por qué, simplemente es un sentimiento que tiene uno, un presagio del mal. Yo mismo me asusto, tengo miedo cuando me adentro en aquellos presagios y pienso sobre esa tragedia, quizá sea mi fin. Y lo hago porque sé que no soy una persona insegura ni acomplejada del miedo, sé quién soy y lo demuestro, a capa y espada, todos los días de mi vida, ante todo el orbe si hiciere falta. Pero sigo con mis tragedias gramáticas en la cabeza, o quizá el corazón.
De hecho, son muchos los días en los que, marcha seguida, en la soledad del caminante de vuelta a casa, tras una jornada llena de alegrías y alguna frustración que otra, comienzo a rezar, inconsciente, por inercia, pero con buenas intenciones y decisión. Es una costumbre que acompaña al sentido trágico que inunda mis días y curiosamente, con el paso del tiempo, ese pesar se va haciendo más fuerte y pesado, pero más desconocido y borroso. ¿Qué será? Ni siquiera el demonio lo sabe y falta no me hace el preguntárselo tampoco. Aun así, no temo el fin cuando llegue, pero sí el no poder haber terminado mi obra humana, mi camino y sobre todo, el dolor. Tengo mucho miedo al dolor, porque éste a veces significa traición, desprecio u olvido. Tengo miedo al durante y no al antes y al después.
Pero mis posibilidades se fugan, no puedo hacer nada. No tengo los medios para conseguirlo y por eso, como cuando voy caminando por la calle, en la soledad de mi camino, rezo, pido a las Alturas que me ayuden y contengan mis días hasta que termine mi ruta y mi camino. ¡Hermosa alegoría! En el camino anhelo el camino de mi vida. Y por ello, pido sólo eso, nada más. Que el antes sea fecundo, que el durante sea llevadero y suave y el después, no me importa, que se ensañe conmigo entonces aquel sentido trágico, el presagio de mi fin.
Néstor.

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